Los valores que podemos considerar que el deporte aporta a la sociedad no
sólo son aquellos que siempre se resaltan del mismo: cooperación, ayuda mutua,
solidaridad,... éstos son, entre otros, los que podríamos considerar de alguna
forma educativos y, por lo tanto, los más interesantes en nuestro ámbito
de aplicación. No obstante, más adelante se pasará a comentar aquellos que van
mucho más allá del aspecto educativo y traen otra serie de consecuencias
sociológicas.
Sabemos que el deporte, desde un punto de vista moral, no
es sólo una situación motriz que está regulada por un reglamento y que depende
de una institución; es mucho más que eso. Cuando observamos a los deportistas
vemos que ahí se está dando algo más que lo meramente físico, fisiológico,
motor, e incluso psicológico. El deporte no implica solamente una serie de
participantes, unos contra otros, corriendo detrás de un móvil; esto
significaría dar a la espalda a algo tan importante como es la
contextualización. Por ejemplo, un partido de fútbol, no puede considerarse como
exclusivamente veintidós jugadores y un árbitro, aparte de lo que hay detrás
(directivas, federaciones, etc.); en mi opinión, lo que hay destacar y que hasta
ahora ha estado relegado a un segundo plano es cómo jugadores que han salidos de
chabolas o barrios marginales se han convertido en estrellas (y que esto no
significa una legitimación de la igualdad de oportunidades como pudiera
interpretarse), o como al final del partido los jugadores se dan la mano, el
intercambio de camisetas,... así como criticar y denunciar todos aquellos actos
que vayan en contra del espíritu deportivo (fair play). La enseñanza del deporte
no puede estar únicamente influenciada por lo meramente formal, en el sentido de
que no sólo basta con enseñar la "forma" de ese deporte. Hay que llegar mucho
más lejos, partiendo, eso sí, de lo más cercano al alumno. Antes hablamos de lo
educativo del deporte; ahora hablaremos de lo cultural del mismo.
Muchos dicen que los profesores son los encargados de transmitir los valores, pero otros dicen que la familia es quien debe hacerlo.
Educar en valores implica participar en la construcción del individuo como tal, contribuyendo a su desarrollo como persona y a su relación con la sociedad. En educación, es sencillamente orientar a los alumnos para que conciban el valor de las cosas, aprender a comportarse y educarles en el respeto, el sentido común y la relación con la sociedad.
El éxito de la educación en valores se consigue cuando los alumnos interiorizan esos valores y los asumen como pautas de conducta en su día a día. No sólo sirve el transmitir los valores sino en conseguir que el alumno los asuma como propios y los ponga en práctica.
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